¿Te atreves a matar al jabalí?
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¿Y si alguien encontrara a la persona perfecta para gobernar un país —no la más carismática ni la más poderosa, sino la mejor? ¿Le dejarían gobernar?
Todo comienza con un mensaje anónimo recibido durante una partida de ajedrez. Y termina cuestionando quién mueve realmente las piezas.
Julien Pastor, un periodista político cansado de las mentiras y de las respuestas prefabricadas, se adentra en una historia que conecta la Transición española, los centros de poder internacionales, los servicios de inteligencia, los medios de comunicación y la inteligencia artificial.
¿Quién decide realmente el rumbo del mundo?
Está lista para cambiar el mundo. Pero, sabiendo lo que sé ahora, no tengo ninguna duda de que los jabalíes políticos tratarán de devorarla con sus mentiras y manipulaciones. Ya lo hicieron conmigo.
Prólogo
Madrid, 11 de enero de 2019
Me llamo Julien Pastor y estoy cabreado. En otros tiempos hubiera usado la palabra «indignado», pero los perroflautas del 15-M gastaron y deterioraron ese término hasta límites insospechables.
Estoy cabreado porque es el único estado en el que uno puede estar cuando trata de cambiar las cosas y se lo impiden vilmente. Adentrarse en la política es empezar a respirar el odio que compone su atmósfera. Ignorarla es dejar que otros te marquen el camino.
Quizás mi problema es que soy un ingenuo idealista que aún cree en la cooperación para la búsqueda del bien común como fin máximo de la política. Esa inocencia me hace especialmente susceptible al clima político actual, que promueve ante todo la polarización y la destrucción del que piense diferente. Ese odio inoculado me produce un efecto inmediato e irreversible que se lleva todo lo demás.
Siento envidia de los que son capaces de mirar hacia otro lado. Los que son indiferentes a la mentira y a la ignominia con la que los políticos nos contaminan todos los días. Admiro a los inmunes a los vertidos tóxicos de desinformación que arroja internet, que permanecen indiferentes a que nos traten como a idiotas.
En realidad, envidio a los idiotas porque ellos son felices. Envidio a tantísima gente que padece sordera frente a las palabras necias porque a mí me producen urticaria. Los que sufren ceguera frente a las mentiras con las que nos manipulan o amnesia sobre las promesas que nos hicieron sabiendo que nunca las cumplirían.
Yo lo único que no recuerdo es la última vez que fui feliz. Siento que me están engañando y soy incapaz de vivir así. Me están robando libertad y han devaluado la verdad hasta tal punto que preferimos vivir en la ficción.
Por eso quiero compartir con vosotros esta ficción. Porque, de todas formas, si os dijera que pasó de verdad, no os lo creeríais, y si os digo que es ficción, os empeñaréis en buscar paralelismos con la verdad. En la era de la posverdad, ya no importa si los hechos fueron reales o no, siempre que sean útiles para el relato de vida que cada uno quiera construirse.
Porque nadie me creería si dijera que, tras años buscando una forma de hacer política en la que todavía pudiera creer, di con la mejor política que el mundo ha conocido. Alguien honesto, preparado, motivado y con una vocación absoluta por servir al interés general.
Di con ella, conocí su historia, su entorno y sus aspiraciones. Buceé por su proyecto, por su revolucionaria ideología del siglo XXI que alineaba el bien común con el individual y su aplicación directa y concreta en reformas y políticas para unir a las dos Españas en un proyecto común.
Está lista para cambiar el mundo. Pero, sabiendo lo que sé ahora, no tengo ninguna duda de que los jabalíes políticos tratarán de devorarla con sus mentiras y manipulaciones. Ya lo hicieron conmigo.
Y lo harán bajo la atenta mirada del establishment, tanto del español como del mundial, que lleva décadas diseñando la agenda política y ha sido incapaz de controlar esta involución hacia la polarización que engulle a quien no escoge bando.
Por eso estoy tan cabreado y escribo este relato para tratar de evitarlo. Para que conozcáis los entresijos de cómo se ha dirigido el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y para tratar de convenceros de que tiene que cambiar.
Seguir con las primeras páginas →Cinco minutos. Si el ritmo no te vale, lo sabrás antes de la página 3.
El mensaje llegó pasada la medianoche, como lo hacen los mensajes que te cambian la vida. Julien Pastor estaba inmerso en una de tantas rutinarias partidas de ajedrez online cuando fue sorprendido por su adversario, que usaba el seudónimo de Mr. X.
MR. X: Estimado Julien, soy un gran fan de tu blog. He leído todos tus artículos. Tengo un trabajo para ti.
[ continúa ]
"Proyecto ambicioso, amazónico. Novela total."
"El libro que necesitas para entender la política y la sociedad del siglo XXI. Tremendo final."
"La metáfora del jabalí resulta un acierto como símbolo del umbral moral que todo líder debe cruzar permitiendo que la novela trascienda la anécdota política y plantee un dilema ético universal"
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Esta novela quizás no sea para ti. No lo es si buscas respuestas fáciles, te gustan los buenos y los malos bien definidos, o prefieres que otros piensen por ti.
Pero si alguna vez has sospechado que detrás de los titulares hay algo más, si te interesan las personas más que los eslóganes y te gusta terminar un libro pensando, entonces puede que esta historia sea para ti.
No pretendo decirte qué pensar. Pretendo obligarte a hacerlo. Si al llegar a la última página no estás de acuerdo con algo, perfecto: solo quiero que llegues a tus propias conclusiones.
¿Conoces a alguien a quien esta historia podría gustarle?
A veces no hay mejor regalo que un libro.
Los buenos libros son como las buenas comidas: no solo sacian, también nutren. Y saben mejor si se comparten.
Porque existió. El jabalí de esta novela fue real. Yo estaba allí.
Vi cómo se despeñaba. Sentí las dudas. Olí el miedo.
Y observé algo que me acompañó durante años: casi nadie estaba dispuesto a hacer lo que había que hacer, pero casi todos estábamos dispuestos a beneficiarnos de que otro lo hiciera.
¿Qué ocurre cuando sabes lo que hay que hacer, pero no quieres ser tú quien lo haga.
Aquella escena me hizo pensar en la política. En los líderes que criticamos, en las decisiones que condenamos, en el trabajo sucio que exigimos que haga otro mientras nosotros conservamos intacta nuestra conciencia. Pero muy pocos están dispuestos a asumir la responsabilidad de decidir.
El líder abre camino. Los demás lo recorren.
Por eso el jabalí terminó convirtiéndose en el símbolo central de esta historia. Porque todos tenemos uno delante. Y tarde o temprano debemos decidir si cruzamos o no.
Y tú, ¿te atreves a matar al jabalí?
¡Atrévete a matar al jabalí!